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Tráigame el RUT y el certificado no mayor a 30 días: el país que digitalizó el desorden

Hace unos días estaba preparando una propuesta para una entidad del Estado. Un contrato pequeño, pero que implicaba el mismo ritual de siempre: reunir el RUT, el certificado bancario no mayor a 30 días, la cámara de comercio, las certificaciones de experiencia, las hojas de vida, los antecedentes, los certificados del ReTHUS del primo del vecino si fuera necesario. La escena es la misma desde hace años: una carpeta llena de PDF’s con nombres kilométricos, una memoria USB con versiones viejas, y el correo lleno de solicitudes para reenviar lo mismo una y otra vez, pero con una fecha diferente.

Llevo más de una década emprendiendo, y en todo ese tiempo la burocracia digital colombiana parece más una parodia que un avance. Nos llenaron de plataformas, portales y “carpetas digitales”, pero al final todo sigue igual: seguimos cargando los mismos documentos que ya el Estado tiene, como si la tecnología fuera solo una excusa para ponerle interfaz web al desorden.

Hace poco, mientras intentaba cumplir con los requisitos de otro contrato, me detuve a pensar: ¿por qué seguimos repitiendo este vía crucis administrativo en pleno 2025? ¿Por qué una empresa que paga impuestos, que tiene toda su información en línea, debe seguir buscando papeles que ya reposan en alguna base de datos pública?

Y me dio por investigar. Encontré que en Estonia, un país pequeño del norte de Europa, el 99% de los trámites se hacen en línea. Nadie imprime nada. Nadie lleva certificados “no mayores a 30 días”. Si necesitas un documento, el sistema lo consulta directamente en la base oficial. Si te casas, si naces, si montas una empresa, los sistemas se comunican entre sí. El ciudadano no es el mensajero del Estado; es el usuario de un servicio que funciona.

Luego descubrí que Uruguay, aquí mismo en América Latina, también lo logró. Implementaron una plataforma de interoperabilidad estatal que conecta todas las bases de datos públicas. Hoy, un emprendedor uruguayo puede hacer casi todo desde su perfil digital: firmar, declarar, contratar, postularse, todo sin volver a subir el mismo PDF. En Brasil, su plataforma gov.br tiene millones de usuarios y funciona como una identidad digital nacional. En Chile, la ClaveÚnica es el acceso a más de 1600 trámites. En Perú, el DNI electrónico y la app ID Perú permiten validar identidad y firmar contratos sin moverse de casa.

Y ahí entendí algo: el problema en Colombia no es de voluntad, ni siquiera de normatividad. Es tecnológico. No tenemos interoperabilidad. Tenemos islas digitales que no se hablan entre sí. El RUT no conversa con la Cámara de Comercio, la Cámara no se sincroniza con la Dian, y el SECOP no confía en nadie. Cada entidad vive en su propio siglo. Y en medio de ese desorden estamos los emprendedores, condenados a ser mensajeros de datos que ya existen, como si el Estado desconfiara de sí mismo.

Este no es solo un problema de comodidad. Es un problema de productividad. Cada vez que un empresario pierde una mañana descargando documentos o actualizando un certificado, pierde horas de trabajo que podrían usarse para innovar, para generar empleo, para crecer. En Estonia calcularon que su digitalización ahorra cinco días de vida al año por ciudadano. En Colombia, seguramente los perdemos haciendo fila o subiendo el mismo archivo en diferentes plataformas.

El Estado colombiano trabaja en “carpeta ciudadana digital” y habla de transformación tecnológica, pero mientras un trámite siga dependiendo de un PDF firmado a mano y un sello escaneado, seguimos viviendo en los noventa. Seguimos atrapados en una burocracia que digitalizó el papel, pero no cambió el sistema.

Por eso, más que leyes nuevas, lo que necesitamos es conexión real entre las instituciones. Que los datos se hablen, que el ciudadano no sea el mensajero de su propia información. Que el RUT, la cuenta bancaria y la cámara de comercio sean parte de un solo perfil. Que el Estado, en lugar de pedirnos los papeles, los consulte directamente.

Porque al final, no se trata de “subir menos archivos”, sino de recuperar el tiempo. De confiar en la tecnología para hacerle la vida más fácil al que trabaja, al que produce, al que emprende.

Cada vez que alguien me dice “tráigame el RUT y el certificado bancario no mayor a 30 días”, siento que el país retrocede diez años. Y pienso: si Estonia, Uruguay, Brasil y Chile ya lo lograron, ¿por qué nosotros seguimos imprimiendo la modernidad en formato PDF?

Fuentes:

https://publicadministration.un.org/egovkb/en-us/Data/Country-Information/id/57-Estonia

https://e-estonia.com/wp-content/uploads/e-estonia_presentation_en_14-04-25.pdf

https://www.trade.gov/country-commercial-guides/uruguay-digital-economy

Por Julio César

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