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Si no sabemos manejar el alcohol, ¿por qué creemos que podríamos con la cocaína?

Hoy quiero escribir sobre algo que no solo vi en redes, sino que escuché en boca del propio presidente de Colombia, Gustavo Petro. En medio de un discurso polémico, soltó una frase que ha dado de qué hablar: que el whiskey mata más que la cocaína. Lo dijo en el marco de su ya habitual tono desafiante hacia Estados Unidos, y claro, eso prendió el debate. En vez de criticar sin más, decidí hacer algo que me gusta mucho: cuestionar, investigar y reflexionar. Porque más allá del populismo o la intención política, hay una verdad incómoda que merece ser analizada sin doble moral. Preguntas que incluso Google no responde tan fácil.

Entonces, decidí buscar, leer y escribir desde lo que sé, lo que he vivido y lo que encontré. Y esto fue lo que me encontré…

1. El alcohol mata mucho más, pero no parece tan grave

Según la Organización Mundial de la Salud, el alcohol causa más de 3 millones de muertes al año. Eso es una locura. Y sin embargo, está normalizado. Lo tomamos para brindar, para relajarnos, para “ser sociales”. Hay fiestas escolares que acaban con papás borrachos. Y lo más duro: lo vemos como algo inevitable.

Por otro lado, la cocaína causa muchas menos muertes directas, alrededor de 200.000 a 500.000 por año, según estudios que encontré revisando datos de la ONU y el Observatorio Mundial de Drogas. Pero tiene fama de ser lo más peligroso del planeta. ¿La razón? Es ilegal. Y todo lo que es ilegal parece más mortal, más “oscuro”.

Composición horizontal con dos escenas: una de fiesta con whiskey socializado y otra oscura con una línea de sustancia blanca en un espejo, conectadas por un corazón humano roto
El daño no siempre viene de lo ilegal. A veces, lo que celebramos es lo que más nos destruye.

2. Si la cocaína se legalizara como el alcohol, ¿qué pasaría?

Aquí viene la parte que me hizo reflexionar de verdad.

Imaginemos que la cocaína se legaliza como el whiskey. La vendan en farmacias o licoreras, con impuestos, con etiquetas de advertencia, con campañas de “consumo responsable”. ¿La gente consumiría más? Obvio que sí.

Y no es porque la gente quiera autodestruirse, sino porque la legalidad cambia la percepción del riesgo. Al ser legal, uno asume que está controlado. Como el cigarrillo o el aguardiente. Pero la cocaína no es solo una droga fuerte: es una de las sustancias más adictivas que existen. Tiene una capacidad de enganchar a una persona desde los primeros usos, y afecta directamente el corazón, el cerebro y el sistema nervioso.

Si fuera legal, probablemente veríamos una explosión de adicciones rápidas, emergencias por sobredosis, y un colapso silencioso de salud mental. Aumentarían los cuadros de paranoia, ansiedad, psicosis. Las EPS no darían abasto. Y peor aún: se volvería parte del ritmo de vida moderno, como una especie de gasolina para rendir más, para aguantar más, para aparentar que podemos con todo.

3. El problema no es la droga, sino la sociedad que la abraza

Este punto me golpeó. Porque en el fondo, no es cuál sustancia es peor. Es cuál estamos dispuestos a aceptar. El alcohol mata lentamente, pero lo abrazamos con afecto. La cocaína mata rápidamente, y la rechazamos con hipocresía. Pero ambas destruyen si se salen de control.

Entonces me pregunté: si la cocaína fuera legal, ¿tendría también un día internacional? ¿Un patrocinio en eventos deportivos? ¿Campañas de “usa responsablemente” como el ron o la cerveza?

Estadio deportivo moderno con publicidad de un producto sospechoso tipo suplemento Cocaina, mostrando el contraste entre deporte saludable y marketing riesgoso

4. La trampa de lo normal

El alcohol es una trampa disfrazada de cultura. Se ve elegante, se ve social. Pero está metido en accidentes, en violencia doméstica, en enfermedades hepáticas, en depresiones disfrazadas de “déjame tomar algo para olvidarme”. Pero como es normal, no lo cuestionamos.

La cocaína, al no ser normal, genera rechazo. Pero si la hacemos normal, como sociedad no tenemos las herramientas ni la madurez emocional para controlarla. Apenas y podemos con el trago. ¡Imagínate con algo 10 veces más adictivo!

5. No es moralismo, es sentido común

El alcohol mata más por cantidad; la cocaína, por intensidad.

Y legalizar no significa eliminar el peligro. Solo lo disfraza. Como sociedad, a veces buscamos libertades sin asumir consecuencias. Y esto no es un discurso moralista. Es una preocupación real.

Si algo me dejó claro esta búsqueda es que la legalidad no define lo bueno o lo malo. Solo lo que aceptamos como normal. Y muchas veces, lo normal también mata.

Tabla 1: Comparativa actual — Alcohol legal vs Cocaína ilegal

CriterioWhiskey (Alcohol)Cocaína
LegalidadLegal y normalizadoIlegal y perseguida
AccesibilidadAlta (bares, tiendas, eventos)Baja (mercado negro)
AdicciónAlta (progresiva y social)Muy alta (rápida e intensa)
SobredosisDifícil, pero posible con abusoAlta probabilidad incluso en primeras dosis
Daño corporalHígado, corazón, páncreasCorazón, cerebro, sistema nervioso
MuerteLenta (años de uso)Rápida (minutos tras una sobredosis)
Impacto socialNormalizado, pero causa accidentes y violenciaAislamiento, ruina personal, cárcel
Muertes anuales+3 millones (OMS)200.000 – 500.000 (estimado)

Tabla 2: Escenario hipotético — ¿Qué pasaría si la cocaína fuera legal?

AspectoCocaína (legalizada)Alcohol
AdicciónSubidísima. Adicción rápida y potente.Alta, pero generalmente más progresiva.
Consumo recreativoEstimulante breve → más dosis = más riesgo rápidoEufórico pero más “lento”, tolerado en eventos
Impacto en salud públicaEnorme: cardiopatías, infartos, psicosis, suicidiosElevado: cirrosis, cáncer, accidentes, violencia
Muertes anuales proyectadasPosiblemente millones si su uso se generaliza+3 millones actualmente (OMS)
Violencia asociadaBajaría por fin del narcotráficoNo tan asociada, salvo en ambientes de abuso
Costos del sistema de saludExplotan: rehabilitación, salud mental, urgenciasYa son altos por enfermedades hepáticas, etc.
Producción y regulaciónSería controlada, pero con riesgos de corrupciónRegulada, aunque el mercado negro aún existe

¿Qué estaríamos enfrentando?

6. Una epidemia de adicción rápida

La cocaína genera adicción en semanas, no años como el alcohol. Al legalizarla, muchas más personas la probarían sin miedo legal, y algunas quedarían atrapadas desde el inicio.

7. Colapsos en salud mental y urgencias

Al ser una sustancia psicoactiva que afecta el sistema dopaminérgico, podría aumentar los trastornos de ansiedad, paranoia, esquizofrenia inducida por sustancias y más.

8. Cambios sociales profundos

  • Ambientes laborales hipercompetitivos usando coca como “productividad”
  • Presión social por consumir para “estar al nivel”
  • Normalización de un ritmo de vida artificial y agotador

9. Reducción del narcotráfico, pero no del daño

Legalizar reduciría crimen organizado, pero no eliminaría el daño. Se pasaría de una guerra en las calles a una guerra silenciosa en las mentes, hogares y hospitales.

Por Julio César

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