Categorías
Escritos

Ruta de la Seda: Colombia, entre dos imperios

¿Independencia o dependencia?
El verdadero costo de firmar con China

Todo comenzó como una simple curiosidad. Petro se fue a China, y entre tanto titular sobre fotos en la Gran Muralla y reuniones “históricas”, algo me hizo ruido: el presidente anunciaba con pompa que Colombia se adheriría a la famosa “Ruta de la Seda”. No era un tratado de libre comercio, ni un acuerdo con Estados Unidos, ni un pacto con Europa. Era con China. Con todo lo que eso implica.

Y entonces comencé a tirar del hilo. Porque a mí me gusta entender antes de opinar. Lo que encontré fue más grande de lo que pensaba: geopólitica, deuda, soberanía, tecnología, y sí… también un tufillo a revancha.

Oficialmente se llama “Iniciativa de la Franja y la Ruta” (BRI por sus siglas en inglés), y es el megaproyecto global de China para conectar su economía con el mundo a través de infraestructura, comercio, tecnología y diplomacia. Es como si China hubiera dicho: “vamos a globalizarnos, pero a nuestra manera”. Desde 2013, más de 150 países han firmado memorandos de entendimiento para hacer parte. En América Latina, ya hay 20 adheridos: Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Venezuela, Uruguay, Ecuador, entre otros. Brasil, México y Paraguay (por su relación con Taiwán) no han firmado. Colombia, hasta ahora, tampoco. Pero eso está por cambiar.

En mayo de 2025, desde Beijing, Gustavo Petro anunció que Colombia firmaría la Ruta de la Seda. Lo hizo sin consultar al Congreso, sin mayor debate nacional y, para muchos, sin claridad sobre qué se está comprometiendo el país. “Somos libres, soberanos e independientes”, dijo. Pero la pregunta es: ¿libres para qué?, ¿y soberanos frente a quién?

Sobre el papel, China ofrece: inversión en infraestructura (puertos, trenes, carreteras), financiamiento sin condicionalidades del FMI o el BID, cooperación en tecnología (5G, energías limpias), y mayor acceso comercial al mercado asiático. Es decir, un combo tentador para un país con brechas estructurales como Colombia. Pero también hay letra pequeña.

La experiencia de otros países deja lecciones claras. Sri Lanka tuvo que entregar su puerto Hambantota a China por 99 años tras no poder pagar la deuda. Ecuador comprometió petróleo como garantía de préstamos. Argentina tiene proyectos con tecnología nuclear china que generan dudas sobre su viabilidad y dependencia. Muchos de esos acuerdos fueron firmados sin transparencia, con condiciones opacas y con consecuencias de largo plazo.

En Colombia, no tardaron en sonar las alarmas. Katherine Miranda, congresista, recordó que cualquier acuerdo internacional con implicaciones económicas o políticas debería pasar por el Congreso. Hasta ahora, eso no ha ocurrido. Fenalco, ANDI y AmCham han expresado preocupación por el impacto en la relación con Estados Unidos, nuestro principal socio comercial. Otros expertos temen por la soberanía tecnológica, laboral y ambiental si se entregan proyectos estratégicos a empresas chinas.

Y es que Colombia podría quedar atrapada entre dos gigantes con agendas opuestas: Estados Unidos, que representa seguridad, lucha antidrogas, TLC, cooperación militar; y China, que ofrece infraestructura, crédito rápido, tecnología y no hace muchas preguntas. Jugar con ambos puede parecer pragmático, pero sin estrategia clara se corre el riesgo de perder la confianza de uno… o de los dos. Estados Unidos ya ha reaccionado con frialdad a anuncios similares en la región. Y China no regala nada.

Y aquí lanzo mi hipótesis. Tal vez el presidente no busca solo desarrollo o diplomacia. Tal vez esta firma es también un mensaje. Un golpe en la mesa. Un “si no me dejan gobernar aquí, voy a mover fichas afuera“. Porque el Congreso le ha hundido todas sus reformas. Porque las élites lo cercan. Porque necesita mostrar poder. Y China le ofrece eso: protagonismo, obras, titulares… sin oposición.

No se trata de satanizar a China ni de romantizar a Estados Unidos. Se trata de actuar con cabeza fría, información clara y visión de país. La Ruta de la Seda no es ni el fin del mundo ni la salvación. Pero sí puede ser un punto de quiebre si se firma a la ligera, sin Congreso, sin debate, sin controles. Y sobre todo, sin pensar en qué clase de independencia queremos: la que se grita en Beijing o la que se construye con instituciones sólidas y decisiones transparentes.

[Actualización – 14 de mayo de 2025]: El presidente Gustavo Petro firmó oficialmente el acuerdo de adhesión de Colombia a la Iniciativa de la Franja y la Ruta en Pekín. La firma se realizó en el marco del Foro China-CELAC, y fue confirmada por el Ministerio de Relaciones Exteriores. Este acto marca la entrada formal de Colombia en el megaproyecto global liderado por China. Fuente: La República

Ahora que el acuerdo ha sido firmado, es urgente abrir un debate nacional transparente. El Congreso debe exigir conocer el texto firmado y sus implicaciones reales. No podemos permitir que se trate solo de un acto simbólico o político sin control institucional. Colombia debe establecer una estrategia clara para no quedar subordinada a intereses extranjeros. Esto incluye crear mecanismos de vigilancia sobre los proyectos derivados de este acuerdo, garantizar participación local en las inversiones y exigir respeto por nuestras normas laborales, ambientales y de soberanía tecnológica. La firma ya es un hecho. Lo que hagamos ahora con ella es lo que definirá si fue una oportunidad bien gestionada o un error histórico.

Por Julio César

- Lo intento antes de saber hacerlo 🧪
- No busqué empleo, construí una Empresa 🧱
- Ni subsidios, ni salvadores. Solo ideas y trabajo 💡
CREER | CREAR | CRECER