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Calma en el caos: cuando descansar significa ver la ciudad desde arriba

Hay algo que siempre me ha generado una especie de culpa silenciosa: no me encanta la naturaleza😬. No soy ese tipo de persona que sueña con irse a una cabaña en la montaña a desconectarse. No me emociona el canto de los pájaros al amanecer ni me conmueve el silencio verde de los árboles. Y lo he intentado. Pero no!. Lo mío es el caos. Lo urbano. La ciudad encendida y despierta, aunque yo vaya a dormir.

Cartagena Vista Panorámica

Desde hace años, en familia, venimos haciendo algo que para muchos suena contradictorio: viajamos a ciudades densamente pobladas, llenas de movimiento, para descansar. Mientras otros buscan el retiro silencioso en medio del bosque, nosotros buscamos el bullicio, la actividad, el concreto. No es que nunca lo hayamos intentado. Varias veces fuimos a “conectarnos” con la naturaleza, pero son experiencias que duran poco. Yo, por ejemplo, no creo que pueda resistir más de dos días en medio de la jungla. Me asfixiaría. Me pondría triste. Me sentiría desconectado, sí, pero de mí mismo.

Hace poco estuve en Cartagena. Mientras todos se iban a las Islas del Rosario buscando paz en el azul, yo subía a la terraza del edificio donde me hospedaba para ver el puerto, los barcos, la gente bajando de los cruceros, el tráfico caótico de motos y vendedores ambulantes. En Medellín, repetí el ritual: último piso, café en mano, y a observar cómo la ciudad respiraba entre buses, motos y edificios apretados. Y ahí, justo ahí, sentí paz. Sentí descanso.

Cartagena Vista Panoramica

Y lo curioso es que esto no fue una decisión racional. No lo planeamos así. Con el tiempo, después de muchos viajes y momentos compartidos, simplemente fuimos eligiendo eso. Y hoy, al mirar hacia atrás, entendemos que descansar en medio del caos no solo es posible, sino natural para nosotros.

No soy raro. Soy urbanófilo. Alguien que, según la psicología ambiental, tiene una afinidad natural por los entornos urbanos. Hay quienes encuentran serenidad en un bosque. Yo la encuentro viendo una avenida iluminada a las 9:00 p.m. desde un balcón alto. Lo mío es la estimulación sensorial: los sonidos, las luces, la vida sucediendo a gran escala. Lo mío es eso que algunos llaman extroversión ambiental: una forma de recargarme en medio del bullicio, sin necesidad de hablar con nadie.

Medellín Vista Panorámica

No es que no valore la naturaleza. Me encanta el sonido de las aves, el olor a tierra húmeda, el correr de los ríos. Pero es una experiencia que me gusta en pequeñas dosis. Como quien se toma un vino especial de vez en cuando, pero que no podría beberlo todos los días. Me conecta, sí, pero por un rato. Luego, necesito volver al ruido que me calma.

Y claro, hablar de esto con amigos o conocidos a veces es incómodo. Porque casi todos sueñan con el descanso ideal entre árboles y montañas. Yo no. Mi sueño de retiro no es una finca alejada ni una cabaña silenciosa. Sería una terraza en un edificio alto, en una ciudad frente al mar, con café en mano y el sonido del mundo allá abajo. Quizá esto cambie con el tiempo, no lo sé. Pero hoy, esta es mi verdad.

Cartagena Vista Panorámica

Quizás tiene que ver con mi historia. Crecí entre montañas. Lo natural me fue cotidiano. Y como dice la teoría de adaptación hedónica, uno tiende a buscar lo que rompe la rutina. Para mí, el mar y la ciudad son ese escape. Son apertura, son expansión, son lo contrario de lo que ya conozco.

Durante años, traté de forzarme a amar lo natural como se espera que uno lo ame. Porque parece que descansar solo es válido si hay silencio, si hay árboles, si hay desconexión digital. Pero he aprendido que el descanso también puede tener forma de rascacielos, sabor a café urbano y banda sonora de claxon.

Cartagena Vista Panorámica

No es un problema. No es un trauma. Es mi forma de experimentar la paz. Y eso también merece respeto.

Si tú también eres de los que encuentra tranquilidad en medio del caos, no estás solo. No sientas culpa por no querer caminar descalzo por el bosque. Tal vez, como yo, encuentras belleza en el concreto, calma en el ruido, y conexión en lo que muchos llaman desconexión.

Porque no hay una sola forma de descansar. Y a veces, la mejor vista para meditar es desde el último piso de un edificio, viendo cómo el mundo sigue girando mientras tú, por fin, haces pausa.

Por Julio César

- Lo intento antes de saber hacerlo 🧪
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